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domingo, 31 de enero de 2010

La cocina nos hizo humanos

EVOLUCIÓN

La cocina nos hizo humanos

Lo que impulsó nuestra evolución fue guisar

quo prehistoricos pintando en cueva
Sorpresa. Parece mentira cómo puede encender el ingenio una sopa caliente.

ace entre 1,9 y 1,8 millones de años, sobre suelo africano, la evolución horneaba lentamente los primeros especímenes de nuestro árbol genealógico. El Homo erectus se perfilaba como el primer eslabón en la cadena de los “nuestros”, la estirpe que podemos rastrear sin interrupciones hasta antes de ayer.

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Fue el primero en salir del continente cuna, y presentó un asombroso 42% de incremento en su capacidad craneal respecto a su especie homínida más cercana: el Homo habilis, con el que convivió y con el que no se sabe si tuvo lazos de parentesco.

Hasta ahora, uno de los argumentos más significativos para explicar el estirón que supuso el H. erectus se centraba en el famoso adagio de que somos lo que comemos. Por entonces, la dieta de raíces, frutos, tubérculos, insectos y hojas había hecho hueco a un potente y nuevo manjar: la carne.

Sin embargo, un conocido primatólogo de la Universidad de Harvard (EEUU), Richard Wrangham, ha llegado a la conclusión de que en este caso lo realmente decisivo es cómo comemos. En su último libro, Catching Fire, aún no publicado en España, defiende que no fue la carne, sino el uso del fuego para preparar los alimentos lo que lanzó a aquellos seres por un camino que culminaría en la humanización.

Su visión ha resultado controvertida, porque hasta ahora el control sobre la lumbre no se databa en una fecha tan temprana. Las cenizas más antiguas con trazas de haber sido provocadas voluntariamente se encuentran en el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov (Israel), y la investigadora Nira Alperson les ha atribuido una edad de 790.000 años. Sin embargo, Wrangham aduce que: “La arqueología del fuego es muy difícil de detectar”, y se ha apartado de ese indicio tradicional a la hora de establecer su teoría sobre la trascendencia de los fogones.

Lo que hay que tener

De hecho, su punto de partida ha sido la convicción de que “somos el único animal adaptado biológicamente a la comida cocinada”, según afirma, mientras nos explica que la causa reside exactamente en nuestras tripas.

Ejemplo salvaje. Los chimpancés se alimentan de frutos con muchos taninos, unas sustancias que a nosotros nos dejan la boca acorchada porque ya no estamos adaptados a ellos.

De todos los primates, poseemos el sistema intestinal más pequeño en relación al tamaño corporal. Nos lo podemos permitir, porque hemos trasladado a la encimera (y, a veces,otros sitios) una gran parte del trabajo que supone transformar las viandas en compuestos químicos aprovechables. Como ejemplo, exponer la carne a una temperatura de entre 60 y 70ºC derrite su tejido conjuntivo y reduce al punto mínimo la fuerza necesaria para cortarla. Y un diente destinado a partir una patata hervida puede ser hasta un 82% más pequeño que el que deba hincarse en una cruda.

Aunque también existen formas de adecuar el maná que nos ofrece la naturaleza sin necesidad de chispas. Eduardo Angulo, biólogo de la Universidad del País Vasco, argumenta que: “Una visión más amplia de la gastronomía incluye sistemas de conservación como el secado (seguramente el más antiguo), la salmuera, el enterramiento en la tundra para congelarlo…” En su libro El animal que cocina recoge con detalle cómo ya nuestros ancestros empezaron a ensayar sus primeros pinitos con todos ellos.

Buscando el cambio

Si queremos saber cuándo empezamos ese proceso único de trasteo culinario, bastará con detectar el momento en que se nos empezó a encoger el estómago. La mayor reducción se produjo precisamente en el Homo erectus. Acompañada de una disminución en los dientes, la pelvis y la caja torácica, y un aumento del cerebro. Algo que, desde luego, también contribuyó a hacernos humanos y que no se dio en el contemporáneo Homo habilis; según Wrangham, porque nunca llegó a dominar el fuego.

Invertir con cabeza

El menor esfuerzo de masticar y digerir un menú más blando proporcionó unas reservas extra que aportaron mejoras definitivas a sus comensales: fuerza para caminar distancias más largas, un sistema inmunitario fortalecido y crías más robustas que pasaban de la leche al alimento sólido con más facilidad, y dejaban a sus madres libres para volver a parir antes. Sin contar con que la reducción del tiempo de masticado les dejó muchas horas libres, con curiosas consecuencias sociológicas (véase el recuadro "La sartén por el mango").

UN TEMA CANDENTE. Las obras de Eduardo Angulo y Richard Wrangham muestran una apasionante visión de los orígenes de nuestra alimentación.

Pero el mayor beneficio de la bonanza energética lo recibió el centro de control corporal: el cerebro. “Estos órganos son caros, necesitan una enorme cantidad de glucosa y una de las pocas formas que tienen los animales de proporcionársela es teniendo intestinos pequeños”, explica Wrangham. Así, nuestra materia gris empezó a convertirse en la mayor del reino animal en relación a nuestra talla.

Eduardo Angulo considera, además, que la cocina obligó a ejercitar el intelecto en otro sentido: “Cocinar supone planificar la recolección o captura del alimento, su conservación, su preparación e incluso cómo se va a distribuir dentro del grupo: el jefe recibirá más alimento, y quizá los niños y ancianos las piezas más tiernas”, con el reto que todo ello supone para el desarrollo de las habilidades sociales.

La capacidad intelectual pudo potenciar la técnica culinaria, y viceversa, en un ciclo que nos ha traído hasta el presente. En cuanto a las pruebas necesarias para refrendar definitivamente su teoría, el propio Wrangham apunta a claves genéticas: “Lo sabremos cuando averigüemos en qué momento nos adaptamos a los compuestos Milliard, unas sustancias mucho más frecuentes en la comida cocinada que en la cruda”. Mientras, seguiremos disfrutando de un menú en su punto.

SIN FUEGO LO LLEVAMOS CRUDO

Tenemos frutas, verduras, incluso carpaccio. ¿Quién pensaría que no podemos sobrevivir comiendo al natural? Pues Richard Wrangham. Según las investigaciones de su equipo, los humanos actuales ya estamos adaptados a pasar nuestros manjares por la llama, y no hacerlo puede perjudicarnos. De hecho, el estudio Giessen Raw Food, en el que Corinna Koebnick analizó a grupos de crudívoros voluntarios, comprobó que el 50% de las mujeres que no cocinaban ningún alimento dejaron de menstruar.

LA SARTÉN POR EL MANGO

Richard Wrangham ha formulado una insospechada consecuencia del inicio del guisoteo: la división del trabajo por sexos. La preparación de alimentos los dejaba expuestos al “público” mucho tiempo. Para minimizar el riesgo de hurto, surgió la regla no escrita de que la mujer debía tener preparada siempre una comida para su hombre (y solo para ese hombre) al final del día. Si la respetaba, toda la población la protegía de quien intentara robarle el pan. Así, ellas se dedicaron a recolectar y cocinar, y ellos a actividades como la caza. “La razón principal de buscar esposa podría haber sido la comida, no el sexo”, concluye


ASTRONOMÍA

Una explosión creó la Luna

Contradice a la hipótesis actual

Una explosión nuclear natural, generada en el manto de la Tierra, dio origen a la formación de la Luna. Es la hipótesis defendida por Rob de Meijer de la Universidad de la Provincia Occidental del Cabo y Wim van Westrenen de la Universidad VU de Amsterdam. Esta propuesta contradice a la actualmente aceptada, que sostiene que surgió tras el impacto masivo de un objeto con la Tierra, que la fragmentó; la parte más pequeña se condensó en la Luna.

La idea ya se había propuesto hace 150 años, pero nadie había encontrado el origen de la energía para lanzar al espacio ese trozo de planeta que hoy es nuestro satélite. Meijer y Westrenen aseguran que han dado con la respuesta. Su idea es que las fuerzas centrífugas habrían concentrado los elementos químicos más pesados, como el uranio y el torio, cerca de la superficie de la Tierra en el plano ecuatorial. Estas altas concentraciones pudieron desencadenar reacciones nucleares en cadena y expulsar el material que se formó finalmente la Luna.

Los científicos aseguran que debería haber pruebas de esa explosión en la Luna, como la abundancia de helio-3 y xenón-136, pero reconocen que ese análisis no será fácil.

dieta tecnológica

ESPECIAL TECNOLOGÍA

Dieta tecnológica VIP

Así se manejan los famosos

buenafuente y otros tecno famosos
Buenafuente, Blanca Romero, Pablo Motos, Nuria Roca y el Follonero nos han contado su dieta tecnológica diaria.
Buenafuente con un huevo
Andreu devora tecnología a diario. Su web: www.andreubuenafuente.com

BUENAFUENTE

“No me invento falsas identidades”

¿De qué se compone su dieta tecnológica? ¿Facebook, Twitter, escribe algún blog...?
Tengo blog, web, cuenta en Twitter, perfil en Facebook... Realmente, es como el carnet de identidad de este mundo virtual. Sin ellos, casi es como si no existieras.
¿Cuánto tiempo diario dedica a cada uno de ellos?
No me lo impongo como obligación. Actualizo mi blog y mis cuentas en las redes sociales cuando tengo deseos de hacerlo. Por eso, a veces se me acumula el trabajo pendiente y puedo pasarme un día entero pegado al ordenador para ponerme en orden. A cambio, hay otros en los que ni lo enciendo.
¿Se reinventa en el mundo virtual?
Trato de reinventarme todos los días en el televisor. Ya es bastante.
¿Tiene varios perfiles?
¿Aparte del izquierdo y del derecho? No, en serio, no me invento falsas identidades en la red.
¿Qué criterios sigue para agregar a alguien a la lista de amigos?
Procuro no seguir ningún criterio.
En principio admito a todo el que me lo pida. Solamente les exijo que sepan comportarse.
¿Ha tenido alguna mala experiencia en las redes sociales?
Afortunadamente, no. Al revés, me sirven para comprobar que la gente aprecia el trabajo que hago.

Nuria Roca sobre un portatil
Nuria se conecta por medio del ordenador con sus amigas de Estados Unidos.

NURIA ROCA

“Últimamente estoy a dieta”

¿De qué se compone su menú tecnológico? ¿Facebook, Twitter, escribe algún blog...?
Utilizo internet casi a diario, sobre todo para informarme, y también tengo perfil en Facebook. Pero últimamente lo tengo muy desatendido. Estoy a dieta.
¿Cuánto tiempo diario dedica a cada uno de ellos?
Tampoco demasiado. Depende de los días. Una media de dos horas.
¿Se reinventa en el mundo virtual?
Soy la misma que en el mundo real.
¿Tiene varios perfiles?
No, con uno me basta y me sobra.
¿Qué criterios sigue para agregar a alguien a la lista de amigos?
Que sean mis amigos en el mundo real. Antes agregaba a los admiradores que me lo pedían, pero recibía tantas peticiones que no podía atenderlas todas.
¿Has tenido alguna mala experiencia con las redes sociales?
Nada grave. Pero sí me ha ocurrido que algún supuesto amigo colgó una foto mía en la página de otra persona. Y fue entonces cuando tomé la decisión de borrar de mi página a ciertas personas.
¿Y lo contrario? ¿Conocer o encontrar gente especial?
Yo estudié un año en EEUU, y gracias a las redes sociales he conectado con mis amigas de entonces. Utilizo las posibilidades que ofrecen sobre todo para estar en contacto con ellas.

Berto comiendo un cable
El sobrino televisivo de Buenafuente está permanentemente conectado a la red desde que ha adquirido un “dispositivo móvil”.

BERTO

“Liado a todas horas”

¿De qué se compone su dieta tecnológica? ¿Facebook, Twitter, escribe algún blog...?
Utilizo internet a diario y a todas horas, para informarme, para resolver dudas o para entretenerme. Actualizo mi blog, berto.tv, casi a diario, y también mi cuenta de Twitter, berto_romero. También tengo perfil en Facebook.
¿Cuánto tiempo diario dedica a cada uno de ellos?
No puedo cuantificarlo, pero mucho. Desde que puedo acceder a la red desde un dispositivo móvil (lo digo así, que queda más fino, pero es un iPhone), estoy liado a todas horas.
¿Se reinventa en el mundo virtual?
Supongo que sí. Me invento, al menos.
¿Tiene varios perfiles?
No, no. Mantengo una única identidad.
¿Qué criterios sigue para agregar a alguien a la lista de amigos?
Pues básicamente que sea mi amigo en el mundo real.
¿Ha tenido malas experiencias en las redes sociales?
En las virtuales, no demasiado malas. Peores han sido mis malas experiencias en las redes sociales reales.
¿Le han permitido conocer a alguien especial?
Por supuesto, he conocido gente y he accedido a oportunidades que de otro modo me habrían sido imposibles.

Blanca Romero tras un Iphone
Atención, fans: a Blanca no le van las tonterías en la red.

BLANCA ROMERO

“No tengo límites”

¿De qué se compone su menú tecnológico? ¿Facebook, Twitter, escribe algún blog...?
Tengo un perfil en Facebook que empleo para relacionarme con mis amigos y estar en contacto con mis fans. Pero uso internet de forma habitual, pera estar informada.
¿Cuánto tiempo diario dedica a navegar por la red?
No tengo un límite fijo. Unas veces más y otras menos. Calculo que unas dos horas al día.
¿Se reinventa en el mundo virtual?
Para nada.
¿Tiene varios perfiles?
No, tengo un único perfil. Sencillamente, no le veo la gracia a esas personas que se inventan otras identidades en la red.
¿Qué criterios sigue para agregar a alguien a la lista de amigos?
Por supuesto, agrego a mis conocidos de verdad. En un principio también admito a mis admiradores, pero imagino que tendré que acabar poniendo alguna restricción si no quiero que la lista crezca de forma exagerada.
¿Ha tenido alguna mala experiencia en las redes sociales?
He tropezado con algún metepatas de esos que se creen que “todo el monte es orégano”. Pero para eso existe el botón que permite bloquear a los usuarios molestos.

Pablo Motos con una batidora
Facebook, Twitter, blog... Todo bien mezclado en la batidora y Pablo ya tiene su cóctel tecnológico diario.

PABLO MOTOS

“Nunca me he sentido acosado”

¿De qué se compone su dieta tecnológica? ¿Facebook, Twitter, escribe algún blog...?
Tengo perfil en Facebook, escribo un blog y mantengo una cuenta en Twitter. Llevo una vida virtual bastante ajetreada.
¿Cuánto tiempo diario dedica a cada uno de ellos?
Bastante. De las tres horas diarias no bajo. Me divierte actualizar mi blog y atender a mis compromisos virtuales. Pero si algún día me resulta una carga, le dedicaré menos tiempo.
¿Se reinventa en el mundo virtual?
Al revés, me reafirmo. Hay tanto farsante e impostor suelto por la red que a veces me cuesta convencer a mis followers de que realmente el que escribe soy yo.
¿Tiene varios perfiles?
Con uno me sobra.
¿Qué criterios sigue para agregar a alguien a la lista de amigos?
Con la gente respetuosa y simpática no hay problemas. Están admitidos en mi cuenta. Luego, si alguno empieza a hacer o decir tonterías, le borro y listo.
¿Ha tenido malas experiencias en las redes sociales?
Ninguna que me haya quitado el sueño. No me he sentido acosado ni nada por el estilo. Siempre sale alguien que usa la red para insultarte. Pero eso es algo que no me afecta.